Todos tenemos un cristalito que nos atraviesa el corazón
como un punzón
y que a veces no se siente
pero a veces se retuerce.
Si me partieran en dos saldrías tú.
No sé quién de los dos es Caín y quién es Abel.
Los dos nos hemos matado.
No sé en qué momento nos convertimos en desconocidos.
Por eso muchas veces creo verte por la calle,
o porque a lo mejor no puedo dejar de buscarte.
Me vas a doler hasta que volvamos a encontrarnos en otra vida
en la que quizás,
por fin
seamos capaces de perdonarnos todo el daño
que aún repercutiéndonos en nosotros mismos
no hemos podido parar de hacernos.