En esa ilusión en la que me condené te vi.
Te vi porque creí que me veías.
En todo el amor que en secreto te juré,
admito el error de haberlo hecho en secreto.
Espero que tú admitas el tuyo de que para ti no había secretos,
y aún así te faltó el valor: cualquiera fuera la causa de su efecto.
Lo que parecía ser y lo que terminó siendo
nunca habían estado tan distantes.
Me resultó trágico.
Como Troya vendida por un caballo de madera.
Como un músico rebajando su alma a 50€ la canción.
Como cuando España vio que Rajoy volvía a ganar.
Lo que te he querido, joder.
Amor sin prismas.
Y no sé si será la falta de lluvia,
de sol
o Hermes.
O quizás lo inverso:
ni lluvia
ni sol
ni Hermes:
y aún sin estar en el podio, mereces un reconocimiento.
El cristal azul de Heisenberg estaba sobrevalorado.
Pero estuve dispuesta a pagarlo.