Nos cogimos de la mano prometiendo amor eterno.
Aun no sé cual de los dos fue más iluso.
Nunca te eché la culpa a ti, tampoco la tuve yo.
El amor no tiene porque durar siempre para siempre.
A veces se acaba, otras se convierte en cariño, o en amistad, incluso en odio.
Pero yo nunca podría odiarte. Ni tu a mi.
Simplemente nuestro amor pasó factura.
Que pena que decidiéramos quedarnos en el barco para contemplarlo.
Sigo sin entender porqué agotamos tantas opciones.
Pero siempre nos gustaron los deportes de riesgo. Era de esperar.
Así que ahora hemos llegado a nuestro límite y sólo nos queda una oportunidad.
O nos hundimos, o empezamos a nadar.