Se puede querer a las personas de muchas maneras.
No es lo mismo el amor por un hermano que el de por un amigo, el amor hacia tus padres o hacia una mascota. Está tu compañero de piso, la simpática y añorable vecina anciana a la que conoces de toda la vida, el profesor que tanto te ayudó (y acabaste sacando un notable) o esa amiga de la infancia a la que hace años que no ves, pero el bonito recuerdo de vuestra amistad siempre quedará ahí. Depende de quien sea se puede querer de una manera u otra. Pero sea como sea, sigue siendo querer.
Hay veces en las que quieres a una persona por el gran significado que alguna vez tuvo en tu vida.
Hay amores que lo aguantan todo y otros que no soportan apenas una tempestad.
Hay veces en las que crees que puedes perdonar lo que sea por el simple hecho de querer.
Pero hay otras en las que, de repente, te das cuenta de que esa persona a la que quieres no se merece que lo hagas, ya sea tu mejor amigo, el gran amor de tu vida o tu hermano mayor.
Sólo porque formen parte de un grupo de palabras asociadas al querer por encima de todo (y pase lo que pase), no quiere decir que tenga que ser así. Las reglas siempre han estado ahí esperando a ser rotas.
Algunas personas no merecen ser queridas y ya está, no pasa nada.
El mundo siempre ha girando en torno al bien y al mal.
Lo cierto es que no tienes porqué estar aguantando algo que nunca te has merecido.
Venga de quien venga.
No puedes estar esperando a que descubran que se han equivocado y vengan a pedirte perdón. Puede que ni si quiera lleguen hacerlo.
Y no creo que quieras pasar tu vida con sufrimientos dispensables.
Mejor ser prácticos y tirar lo que no nos convenga a la basura;
a veces es necesario ahorrar espacio.